lunes, 11 de junio de 2007

Declaración de Principios

No nos engañemos. La historia del fútbol peruano, como toda esfera que condense algún tipo de sentimiento nacional, está escrita en diminutivos. Desde sus jugadores (Machito, Chiquito, Cholito) hasta sus periodistas (Gallo Gallito, Vega Veguita), pasando por el señor que informa las asistencias en el Estadio Nacional (Don Juanito Maldonado) y el inválido que aparece ubicuo reclamando una colaboración a hinchas y dirigentes después de cada partido, en plena digestión de la derrota (Quieroguita).
No nos engañemos. La historia del fútbol peruano no se resume en epopeyas aisladas contadas por nuestros abuelos. Ni en Berlín ni en La Bombonera, ni en Lolo ni en Cachito. Ni siquiera en la perorata de autoayuda de Freddy Ternero, monserga más cercana a Belmont que a Deepak Chopra gracias a su escalofriante materialización en un sillón municipal. Todas aquellas jornadas de triunfo, absolutamente inconexas entre sí, son apenas hipos frente a nuestro innato apego a la frustración.
Por eso, la historiografía deportiva realizada en este blog gravitará en torno a aquellos acontecimientos infelizmente olvidados que han provisto al fútbol peruano del néctar de su ser. En suma, su propia decadencia configurada por anécdotas banales e intrascendentes.
El autor no se responsabiliza por las risas o lágrimas que estas pudieran ocasionar.

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