martes, 17 de julio de 2007

¿Y el otro 1?


Agapito Rodríguez. Diga este nombre frente a un hincha de Defensor Lima y su cuerpo aparecerá policontuso un amanecer cualquiera en la penumbra del túnel de La Herradura. Para sortear posibles represalias, salga desde estas líneas mi solidaridad con los hinchas carasucias, sumidos seguramente en la perplejidad tras conocer que el susodicho había sido designado preparador de arqueros de la Selección para la última Copa América. Un día antes de viajar a Venezuela, como para acentuar su irritación.
Por simple asociación mental, el nombre de Agapito Rodríguez remite a la tarde del 31 de julio de 1994. Eran tiempos en que aún se programaban tripletes en el Nacional. Aquella vez Municipal y San Agustín se enfrentaron en el preliminar, mientras Universitario y Boys protagonizaron el partido estelar. Como sánguche, de semifondo rivalizaron las antípodas de aquel torneo: el líder Sporting Cristal versus el colero Defensor Lima.
Es cierto que las fuerzas eran desiguales. Por un lado, el Cristal de Oblitas marcaba amplias diferencias en la tabla, alcanzando goleadas tan espectaculares que la prensa especializada bautizó al equipo como Juan Carlos y su Rumba Celeste. Según dicha lógica, el gambeteo infatigable del Chorri Palacios se emparentaba en alguna dimensión paralela con la cadencia de los movimientos pelvianos de Alejandra Pradón.
Diametralmente opuesta era la situación de Defensor. En trece fechas había ganado un solo partido. Sus jugadores estaban impagos, pero aún así, en admirable alarde de purismo futbolero, el coronel Félix Tumay, su presidente, se oponía a la sponsorización galopante que experimentaba el balompié nacional. Así, las granates camisetas del Defensor podían conservarse limpias del usufructo capitalista. Aunque no hubiera plata para el detergente.
Frente a este panorama desalentador, el técnico José Chiarella solía convocar a poderes extrasensiorales que pudieran alterar la causalidad deportiva. A saber, la presencia de un chamán en los vestuarios antes de los partidos. El intenso olor de la ruda se entremezclaba con el del Charcot, mientras la expectoración de bebidas espirituosas semejaba garúa invernal en el camarín. Se cuenta que el mismo Chiarella expulsaba algunos sorbos sobre los chimpunes y canilleras de sus jugadores.
Esa tarde de julio, sin embargo, la congregación de fuerzas paranormales era mayor. Solo tres días antes, el 28, Defensor había cumplido 63 años de fundación. La coincidencia de la efeméride con la celebración patria anexaba un respaldo espiritual para la gesta de enfrentar al puntero. Qué más para sentirse moralmente superiores.
Contagiado por la confluencia de tantas señales de gloria, Chiarella lanzó un enfático imperativo a sus jugadores: que ni se les ocurriera saludar a los de Cristal, que esa tarde debían tratarlos como sus enemigos. Fatal error.
Chiarella no contaba con que el encono terminara siendo recíproco. Porque esa tarde Cristal no vapuleó a Defensor Lima. Lo torturó, lo masacró, lo sodomizó. El no fomentar la amistad acabó minando los buenos oficios de los astros.
Y así Agapito Rodríguez pasó a la historia recogiendo once veces la pelota del fondo de su arco. Una y otra vez. El cabezazo de Earl, el zapatazo de Garay, la peinada de Julinho y ocho etcéteras más. Yo que él me sentaba a tomar un café para no perderme los goles.
Sin embargo, hasta el último minuto de ese partido se pudo evadir la fatalidad absoluta. Un 10-1 no hubiera dejado demasiado para la anécdota y la eventual remembranza entre vasos tintineantes. Cuántos ¡Salud! en nombre de Agapito se hubieran evitado si a Solano no se le ocurría sombrearle el balón en esa jugada final. No por la goleada ni por su encumbramiento como uno de los tantos antihéroes que circundan nuestro transcurrir futbolero. Eso es lo de menos.
Importó ese último gol por la simpática situación inmediata ocurrida fuera del campo. Dado que nuestro querido Estadio Nacional no contaba por entonces con un marcador electrónico que señalara el score, un humilde operador tenía que tomarse el trabajo de maniobrar un tablero de madera ante cada anotación. Aquel sujeto, hoy injustamente condenado al anonimato, debió enfrentar la situación más difícil de su vida cuando Ñol no tuvo mejor idea que ensartarle un tanto más a los carasucias. 11-1. Tres unos. Solo había dos. ¿De dónde iba a sacar este buen hombre el uno restante que el antediluviano tablero necesitaba para señalar el marcador con precisión? ¿Lo pintaría con plumón? Resolvió aumentarle el uno a Cristal y dejar un hueco en la casilla de Defensor, seguramente consternado por no poder decirse a sí mismo “labor cumplida”. Su abatimiento debe haberse multiplicado cuando una decena de hinchas de la barra Oriente de la “U” (recuérdese que se jugaba un triplete) se acercó hasta el alambrado colindante con la tribuna Sur para lanzar vilipendios variados a su persona y a su señora madre. Seguro ese día quiso mandar al mundo entero a la mismísima mierda.
Finalizado el partido, Oblitas también estaba enfadado. El partido, según él, no le había servido para nada. Saltándose olímpicamente la tradicional diplomacia deportiva peruana (“El rival nos exigió mucho”, entre otras sandeces), el Ciego descalificó a su competidor de turno con la misma inmisericordia exhibida por sus jugadores en el campo: “El rival fue muy mediocre y así no se puede competir”.
El campeonato siguió y, previsiblemente, Cristal fue campeón y Defensor Lima descendió a Segunda, ambos con varias fechas de anticipación.
Actualmente, los carasucias deambulan perdidos en la liga distrital en Breña, pero, siendo sinceros, ese día la catástrofe pudo ser peor. De no ser por el olfato goleador de Carlos Dolorier (vamos, no se rían), Defensor Lima hubiera igualado el deshonroso record que hasta la fecha sigue ostentando el Sport Pilsen de Guadalupe (once a cero frente a Alianza en el 84). Así que algo de suerte hubo.
Y después dicen que los chamanes son todos unos charlatanes.

FICHA DEL PARTIDO:
Domingo 31 de Julio de 1994
Estadio Nacional
13ra Fecha Descentralizado 1994
DEFENSOR (1): Agapito Rodríguez; Timorán, Rivas, Machaca, Vásquez; Zegarra (Hidalgo), Nieto, Alfaro, Kajatt; Caballero (Ojeda) y Dolorier. DT: José Chiarella
CRISTAL (11): Balerio; Castro, Earl, Prado; Garay, Jorge Soto, Solano, Magallanes, Palacios (Pinillos); Julinho (Letelier), Maestri. DT: Juan Carlos Oblitas
Árbitro: Luis Godinsky
Asistencia: 16,520 espectadores
Goles: Earl 3’PT, Garay 10’PT, Julinho 23’PT, Palacios 34’PT y 45’PT, Magallanes 6’ST, Maestri 9’ST, Solano 28’ST, 33’ST (p) y 45’ST, Jorge Soto 38’ST (SC); Dolorier 31’PT (DL)
TR: Ojeda (DL)

(Imágenes tomadas del diario Expreso (1 y 3) y del diario El Bocón (2))