martes, 7 de agosto de 2007

Servicios Básicos

1.0. El agua.

Toma consejo en el vino, pero decide después con agua. Tal era la máxima de Benjamín Franklin que en el verano del 90 encontró entusiastas seguidores en unos aguerridos trabajadores impagos del IPD. Con turbio cañazo en lugar de vino, porque la inflación golpeaba y no daba para exquisiteces. Pero la decisión llegó con agua.
Era el 7 de febrero de 1990 y, excentricidades de la época, el campeonato de 1989 recién llegaba a su fin. Sporting Cristal y Unión Huaral, campeones del primer y segundo Regional respectivamente, debían enfrentarse por el título en el Estadio Nacional.
Bombas, colas, paros, más bombas. El país rebosaba en vértigo y adrenalina, pero aquella jornada el amanecer se encargó de traer la sorpresa: la trajinada cancha del Nacional había soportado el Diluvio. Los trabajadores del IPD, con dos semanas de huelga a cuestas, habían decidido inundarla. Pequeños islotes de barro se habían formado en las honduras naturales del gramado. Los grifos encubiertos que habían mellado los tobillos y empeines de más de un futbolista, estaban a plena vista, como expiando culpas por tantas carreras frustradas. En suma, el fango resultante del aniego era la metáfora perfecta de la fase final del primer alanismo. Para variar, ese día Lima despertó sin agua.
Se decidió no solo postergar el partido para el día siguiente, sino cambiar de escenario. La final se tendría que jugar en Matute. Añádase al calamitoso estado del césped del Nacional, la cantidad de agua empleada en la medida de protesta, dejando desprovistos de H2O a los servicios higiénicos. La pestilencia proveniente de los baños se hubiera tornado insufrible dada la evacuación compulsiva de esfínteres, inconfundible síntoma del nerviosismo futbolero.
En lo estrictamente deportivo, Huaral llegaba al partido desgastado, pues solo tres días antes había definido con la “U” el título del Segundo Regional. Cristal, que había ganado el primero en mayo, llegaba descansado tras haber sido eliminado por el Alianza Atlético en una fase previa a la liguilla final. No entraremos en detalle sobre el indescifrable sistema de campeonato que llevó a estos dos equipos a tal definición. Quien guste de los jeroglíficos, consulte el anexo.
Por el lado naranja, Humberto Rey Muñoz capitaneaba a su escuadra pese a que había sido expulsado en el partido anterior; alguna extraña vaguedad reglamentaria lo exoneró de castigo. En Cristal, en cambio, reaparecía Olaechea, suspendido cinco meses por haberse negado a jugar el último partido de la Selección frente a Uruguay por las Eliminatorias a Italia 90, partido al que, naturalmente, habíamos llegado ya eliminados. No es redundante señalar que la usanza patriotera condenó en ese momento al Mango a la categoría de apestado social. Le dijeron renegado, traidor, paria. Resumiendo, poco menos que terruco.
Unas 15 mil personas se acercaron a Matute a presenciar la final, arrojando la taquilla una recaudación bruta de 589’759,155 intis. Imposible saber dónde se hubieran guardado los billetes en caso el estadio se hubiera llenado. En tribuna, la barra de Huaral predecía su segundo título profesional con un estribillo creado bajo la influencia del pegajoso ritmo del momento, la lambada: “Vamos a ganar, a la Rubia vamos a ganar”. Todavía no se inventaba el calificativo de "pavos" para aludir al equipo de La Florida. Tiempos de inocencia.
El partido transcurrió entre los goles errados por el Artista Antón, Manassero y Dall’Orso y una extenuada y combativa defensa huaralina, resolviéndose recién sobre el segundo tiempo suplementario. Carlos Guido pifió un balón y El Venado Ernesto Aguirre se lo arrebató, driblando con un enganche a Percy Olivares y fusilando al pintoresco arquero Gustavo Gonzales, El Gatti Peruano. Fue el único ataque huaralino y fue gol. La prensa especializada ya comparaba a Aguirre con Cachito Ramírez y el Jet Muñante. Semejante pronóstico periodístico solo puede justificarse por las temperaturas propias de la estación.
Todo parecía consumado, por lo que cinco minutos antes del final la dupla argentina López-Cavallero decidió abandonar la zona técnica y ver el partido desde la boca del túnel, compartiendo la pena y materializando el vivificante adagio de la Dra.Corazón que personificaba por entonces la robusta comediante Esmeralda Checa: "Una pena entre dos, es menos atroz".
Al silbatazo final de Paquirri Ramírez, el celoso cordón policial que se había preparado ante un eventual ataque terrorista, se vio fácilmente superado por una horda de niños que quería abrazar a los nuevos héroes del norte chico. Estos, a su vez, cargaban en andas a su técnico Simo Vilic, pionero de la moda yugoslava que invadiría nuestro fútbol a inicios de los noventa (Varagic, Brzic, Popovic, Miranovic, etc.). Por qué esta ola yugoslava se inició en Huaral, es un misterio solo comparable al por qué alguna vez la empresa Huando empleó la estrategia promocional de encapsular billetes al interior de sus naranjas.
Y así, llegada de la noche, con el júbilo y el desconcierto distanciados por diez cuadras de la indigencia de un gramado sumergido, se escribió la historia del último equipo provinciano que ha logrado consagrarse campeón nacional. Una historia que tendría, solo dos meses después, una segunda parte. Y que esperará al siguiente post para ser contada.

FICHA DEL PARTIDO:

Jueves 8 de Febrero de 1990
Estadio Alianza Lima
Final Campeonato 1989
HUARAL (1): E.Farfán; Puntriano, Cáceda, Paredes, Ferrari; Muñoz (Elguera), León (Leyva), Cordero, H.Rey Muñoz; D.Farfán, Aguirre. DT: Simo Vilic
CRISTAL (0): Gonzales; Lobatón (P.Zegarra), Arteaga, Olaechea, Guido; Palacios, Fernández, Olivares, Manassero (Calvo); Antón, Dall’Orso. DT: Óscar López-Óscar Cavallero
Árbitro: José Ramírez Calle
Asistencia: 15,075 espectadores
Recaudación: I/. 589’759,155
Gol: Aguirre 113’
TR: Olivares (SC)

(Fotos tomadas del diario El Comercio)

3 comentarios:

Pablo Venturo dijo...

tremenda resena de un partido que presencie desde la tribuna oriente de matute. muchos saludos y gracias por alegrarme el dia con esta nota.

El Chato Heston dijo...

Buen cuadro aquel, el Huaral de finales de la decada. Años mas tarde, León y Muñoz harían volante con Rosales y el Huevo Lopez en Ciclista.

En la foto, parados: Puntriano, Ferrari, León, Cáceda, E. Farfán y Silva. Sentados: Aguirre, Muñoz, Rey Muñoz, D Farfán y Paredes.

Una precisión: el Gatti peruano era un tal Sandoval (tenía el pelo largo y la vincha caracteristicos), arquero del Sullana -alguna vez voceado para ir a Alianza. Recuerdo haberlo visto tapando en tardes de tripletes. A Gonzalez le decian el "Charro".

El Chato Heston dijo...

Ah, y si no me falla la memoria, la jugada fue un auto pase del Venado Aguirre a Olivares, a quien supera en velocidad. De ahí la comparacion con Cachito y el Jet. Ojala alguien pusiera el video en youtube, saludos!