viernes, 12 de diciembre de 2008

Derby macho

La historia contará que alguna vez Barcelona y Real Madrid fueron teloneros de Sport Pilsen, Cienciano, Deportivo Cañaña y La Joya de Chancay.

El puñado de lectores que tiene este blog ya habrá notado que no suele condicionarse por la chata coyuntura, pero el que en esta semana hayan coincidido el final de la Copa Perú y el derby español permitió aderezar una fusión digna del paladar más empalagoso: el encuentro entre el Barcelona de Surquillo y el Real Madrid de Camaná en la Finalísima del “fútbol macho”, año 1983.

Así, la esencia de los dos equipos más poderosos de España quedó afincada en el amarillento (pero natural) grass del Estadio Nacional de entonces. Fue también, ciertamente, un homenaje al desacierto y al codazo en la córnea, tan característico del viril precepto que guía al campeonato de ascenso peruano.

La inverosimilitud fue también instaurada por los co-partícipes de aquel hexagonal final. Por ejemplo, el Sport Pilsen de Guadalupe (a la postre campeón del torneo), que, al no contar con fondos para hospedar a su delegación en un hostal dos estrellas, encontró alojamiento en la cochera de su presidente, Sr. José Lupardi, en el jirón Mariano Aragonés 165, Balconcillo.

El Barza y el Madrid no tuvieron tantos problemas. Los blaugranas se recluyeron tras las altas paredes del colegio Leoncio Prado. Se especuló con conseguir albergue en una casa de retiro en Chaclacayo, pero su dirigencia favoreció el rigor de la disciplina militar en desmedro de las curativas bondades de Chaclacayo, “remanso feliz de bonanza, tierra verde, dorada y azul”, como reza el vibrante himno que le compusiera doña Maruja Silva Calderón.

Los madridistas, en cambio, prefirieron la cercanía y fueron huéspedes ilustres del hostal Renacimiento de Santa Beatriz. A él arribaron con un cargamento altamente nutricional consistente en un saco de frejoles, tres de arroz, dos de papas y cuatro bolsas de fideos. Conformaron la delegación 21 futbolistas, el comando técnico y la Sra. María Dolores Vásquez, quien desempeñaba la triple función de cocinera, huesera (léase, masajista) y madre del jugador Alfredo Luna.

Ambos cuadros asumieron la identidad de sus parientes ibéricos de forma variable. Barcelona sí vistió con los colores azulgranas, aunque no tuvo un Himné de Barça ni Serrat que lo cantara. (Jalón de orejas para su directiva que, con algo más de esfuerzo, hubiera conseguido que las orquestas de Lucho Macedo o Nico Estrada, surquillanos de alma y pie, le hicieran una huaracha).

Real Madrid, en cambio, fue más cauto y no pretendió alzarse como sucursal camaneja de los merengues. Por ello, eligió una indumentaria íntegramente celeste, basándonos únicamente en los reportes de la época que así lo indicaban, ya que las fotografías en blanco y negro no permiten dilucidar el factor cromático. Comprenderán los lectores que aún no había High Definition.

Como turbadora apoteosis, los delegados de los seis clubes hicieron la presentación de la Finalísima en la Casa España.

Para el que le interese, Barça de Surquillo acabó goleando 4-1 al Real Madrid de Camaná, pero por suerte ninguno de los dos llegó a Primera y salvamos así del ridículo internacional.

FICHA DEL PARTIDO:

Domingo 20 de noviembre de 1983
Estadio Nacional
1ra Fecha Finalísima Copa Perú 1983
BARCELONA DE SURQUILLO (4): R.Castañeda; S.Espinoza, C.Falcón, A.Flores, A.Sánchez; E.Rivero (J.Falconí), J.Cordero, R.Zúñiga, D.Acuña, C.Ubidia, J.Torres (Chirinos). DT: Humberto Castillo
REAL MADRID DE CAMANÁ (1): P.Carranza; L.Díaz (Vílchez), V.Riega (Pintos), V.Hernández, H.Zúñiga; A.Luna, M.Quintana, Ortiz, V.Fernández; H.Villega, J.Fonti. DT: Ernesto Molino Carazas
Árbitro: Samuel Alarcón
Asistencia: 17,216 espectadores
Goles: Ubidia 32’PT y 1’ST, Torres 4’ST y 19’ST (BS); Vílchez 5’ST (RMC)

(Imágenes tomadas del diario La Crónica)

martes, 11 de noviembre de 2008

¡Más audios!



Sabemos que esto puede traer cola, pero la ética periodística obliga a informar. Gracias a la magia de Youtube, hemos tenido acceso a un material revelador que trataría de dar pistas sobre uno de los clásicos más sinuosos de nuestra historia. Aquel de octubre de 1995, suspendido en pleno segundo tiempo, con un penal rectificado, con las tribunas bombardeando las canchas de piedras. Un faenón del desconcierto.


La responsabilidad del oficio obliga a preguntar sobre la procedencia de dicho material con el mismo escepticismo que mostrara el cantautor ecuatoriano Delfin Quishpe frente al 11-S: ¿Quién lo hizo y por qué lo hizo? Respondiendo el 50% de tal enigma: fue el recordado programa deportivo noventero Goles en Acción. ¿Cómo lo hizo? -la tercera interrogante azul- es un misterio profesional que sus autores están en todo derecho de salvaguardar. Deduzco que con micrófonos ocultos en las canilleras de los protagonistas.

“Si esto ya fue publicado, ¿dónde está la novedad?”, se preguntarán los lectores más exigentes. En realidad en nada, pero eso no importa. En el periodismo, el refrito nunca muere.

Dicho esto, habrá que apuntar que fueron cinco los audios y, por ende, cinco las transcripciones a las que podrán acceder en Los Anexos de Cómicas (sobre todo en caso de que el usuario que colgó esto en Youtube sea hostigado por las autoridades oficiales y se vea obligado a retirar tan valioso material de la red).

Audio No. 01. El Rimmel. Debe ser uno de los diálogos más amariconados en la historia del fútbol nacional. En ella, dos de los interlocutores, ambos de nacionalidad brasileña, se enfrascan en una cháchara sobre las bondades del rimmel importado de Brasil. Intervienen después otros jugadores, derivando la charla hacia la perfumería y a los atuendos de la línea Primavera-Verano 95-96.
El contacto es excesivamente afectuoso, proliferando en abrazos y cachetaditas. Sorprende especialmente el ingreso a escena del diminuto volante Freddy Torrealba, a quien no imaginábamos imbuido en manifestaciones propias de la etapa pre-metrosexual.
Por suerte ‘Lolo’, ya muy enfermo por esa época, nunca llegó a ver esto.
La dirigencia de Alianza Lima, probablemente atenta ya a los síntomas presentados por el universo futbolero –que favorecía en exceso el uso de coletas y cremas rehidratantes-, decidió armar un espectáculo previo al partido con una decena de bailarinas supuestamente belgas, color yogurt, todas vestidas con los colores blanquimorados. Fue en vano: ni sus esforzados contorneos desviaron la atención de los jugadores.
Los audios, sin embargo, no registraron el reencuentro del aliancista Gustavo Tempone y el técnico crema Sergio Markarián, quienes se saludaron dejando atrás una vieja enemistad. Por el buen nombre de Don Sergio, qué bueno que así fuera.
Audio No. 2. Yo me hago el Loco. El árbitro Alberto Tejada estaba en una tarde de malas. Algún gracioso le había lanzado una piedra mientras realizaba el calentamiento previo, provocándole un hematoma en el pecho. Ya suficiente había sido que le gritaran todo el rato “¡Tulio, Tulio!”, alterando su estado psíquico. Así que, fácilmente, podría especularse que Tejada estaba harto y lo que menos necesitaba era escuchar a Alfredo González sugiriéndole cobrar “un penalito, algo que no sea muy obvio”, como revela el audio. El rostro visiblemente cansado del juez demostraría que tan solo empleó la técnica discursiva que debe usarse con este tipo de sujetos; es decir, seguirle la corriente. Algo así como los subalternos que se ríen de sus chistes. La frase “Yo me hago el loco”, además, evidenciaría el estado traumático en que se encontraba el réferi debido a los acontecimientos recientes de su carrera arbitral. Por ello, libramos este diálogo de toda responsabilidad penal, por su absoluta intrascendencia, la prescripción en el tiempo y todos los factores previamente expuestos.

Audio No. 03. Unos cigarritos. Este audio descifra el desconcierto vivido en la cancha por las autoridades una vez que Tejada decidió suspender el partido, en el segundo tiempo, a los 16’ (que eran los años que Alianza llevaba sin campeonar, como apuntaron algunos numerólogos y fanáticos de la ‘U’). Todos se originó cuando los arcos de Francisco Pizarro y Héctor Martín Yupanqui empezaron a ser bombardeados por objetos de diverso calibre. A Yupanqui, por ejemplo, la barra aliancista lo derribó con una botella y un frasco de mayonesa. El presidente crema, Alfredo González paseó al arquero por el médico legista, la comisaría de La Victoria y el Palacio de Justicia: todo para certificar la mancha amarilla que tenía en el hombro. Su símil blanquiazul, Rolando El Gato Sánchez, afirmó que Yupanqui había fingido las pedradas recibidas y que merecía sanción a perpetuidad, comparándolo con el chileno Cóndor Rojas. A ello, González respondió que si Sánchez no creía en la justicia peruana (ojo que el país vivía en pleno cáncer fujimorista), entonces “que mejor llame a Alan García”; acto seguido, lo amenazó con una demanda por difamación de 5 millones de dólares.
Yupanqui, ajeno a tan bajas pasiones, tan solo expresó su sorpresa por la reacción de la barra blanquiazul, ya que “nunca me habían ni insultado, solo me molestaban con el huaico que se llevó mi casa en Chosica”.
Predeciblemente, el clásico funcionó como perfecta cortina de humo para la época. No se habló de política por semanas y el Congreso, en el tradicional tono de “esto no puede seguir así”, citó a los presidentes de los clubes para que explicaran lo sucedido, como si hubiera habido algo que explicar.
Ni siquiera el árbitro se lo tomó tan a pecho (bueno, la pedrada dolía), como bien comprueba el audio en que se escucha a Tejada pedirle a un policía que le haga el favor de comprarle unos cigarrillos, muy sentadores para el mal rato.

Audio No. 04. Penal no, fenomenal. El clímax del partido, y causa madre de todo el revuelo posterior, fue un penal rectificado por Tejada. Inicialmente, el juez cobró la mano dentro del área del defensor crema José Hilacha Espinoza, previa acción de Darío Arañita Muchotrigo. Luego, tertulia mediante con el línea Yuri Pineda, cambió su parecer. Lo que revela el audio, sin embargo, no coincide con las afirmaciones post partido dadas a la prensa.
“En primera instancia, pensé que sí. Pero después el juez de línea, que estaba mejor ubicado, me llamó para informarme de lo sucedido”, dijo Tejada, inocente al fin. No previno el puñal. Ipso facto, el linesman Yuri Pineda aclaró en modalidad ilegible: “Yo no llamo a Alberto, él viene hacia mi y, como una deferencia a que no termine de venir, me acerco hacia él. El error está en que conversamos alrededor de los jugadores de la ‘U’. (…) En ningún momento le digo que fue penal, desiste, retráctate, no, no le digo ello, tal vez me faltó mayor contundencia, energía, al botar a los jugadores, a separarlos. Los jugadores aprovecharon el momento, ¿no? y entiendo que pudo haber cierta duda”. Pilatos, Judas y Cantinflas pasaron por la licuadora y salió esa declaración. Suerte que en Matute no hubo un árbol del cual colgarse.
Las reacciones no se hicieron esperar. Mientras Julio César Uribe hizo un repaso escolar de todos los adjetivos con la letra “i” (“Es inconcebible, increíble, inaudito”), Alfredo González afirmó que “un canal amigo” (¿sería RBC?) había realizado unas tomas desde la ubicación de Pineda que demostraban que el balón había impactado en la quijada de Espinoza y que pronto se harían públicas. Seguimos esperando.
Los audios, lamentablemente, tampoco permiten absolver esta polémica que pasará a los anales de la historia futbolística nacional. Lo único trascendente que ofrecen son los reclamos del defensor Marcelo Sozzani, cuya nacionalidad tranquilamente podría quedar en cuestionamiento por el mal empleo de argentinismos en expresiones como “¡Ché, usted cobró penal!” o “¿Qué le dijiste tú, ché?”. Nótese, además, el gran parecido de la voz magnetofónica de Sozzani con la del periodista Daniel Peredo, quien narrara de forma conmovedora el reciente tanto peruano de Johan Fano, precisamente ante los albicelestes. De ello se desprenden tres teorías: a) Marcelo Sozzani era peruano. b) Daniel Peredo es argentino y el relato histórico solo camuflaría su verdadera nacionalidad. c) Marcelo Sozzani nunca existió; era Daniel Peredo disfrazado.

Audio No. 05. Ay mis dientes. El quinto y último audio desclasificado es, en apariencia, el más trivial de todos. En él se escucha al juez Alberto Tejada ilustrando con paciencia a un miembro de nuestras fuerzas policiales sobre todos los aspectos del clásico del fútbol peruano. Pero lo neurálgico del asunto reside en la intervención posterior del veterano comisario de la ADFP, Óscar Cavero. Este, tras recurrir a una ligera broma para distender los ánimos, lanza una exclamación que el audio no deja percibir en toda su dimensión: “¡Ay, mis dientes!”.
Lo cual deriva en una nueva hipótesis: que aquel clásico no se suspendió por el penal rectificado o las piedras tribuneras. No. La verdadera razón fue una dentadura perdida, inubicable en la inmensidad del campo del juego; por ende, proclive a ser maltratada por los chimpunes de los veintidós protagonistas del espectáculo.
No debería descartarse, además, que algún malhadado haya recogido cautelosamente los dientes del venerable comisario para generar disturbio. Dejo abierta dos preguntas: ¿Por qué culminan los audios precisamente con la desaparición de los dientes? ¿Es posible que, en lugar de una piedra, una botella o un frasco de mayonesa, lo que haya impactado en Yupanqui haya sido la dentadura del Sr. Cavero?
Cuando menos, nos deben una explicación.

FICHA DEL PARTIDO:

Domingo 29 de octubre de 1995
Estadio Alianza Lima
2da Fecha Octogonal 1995
ALIANZA (0): Pizarro; Basombrío (Lutcke), Sozzani, Ruiz, Salazar; Jayo, Hinostroza, Tempone (Rosales), Marquinho; Muchotrigo, Navarro. DT: Julio César Uribe
UNIVERSITARIO (0): Yupanqui; Morán, Espinoza, Domínguez, Ubillús; M.Rodríguez, Carranza, Martínez, F.Torrealba (C.Gonzales); Rossi, Carty. DT: Sergio Markarián
Árbitro: Alberto Tejada
Asistencia: 21,154 espectadores

(Imágenes tomadas del diario El Bocón. Video tomado de Youtube; User: intimo333)

viernes, 15 de agosto de 2008

Once y doce

Ya es un clásico de todo febrero. En medio del soponcio veraniego, hay siempre una semana dedicada a un acontecimiento que se empeña en trascender la placidez de las playas o la brutalidad de los carnavales contemporáneos: el inicio del campeonato local. Lindando con la novelería, los jugadores lustran sus chimpunes, la prensa fabula expectativas y los estadios se abarrotan de idealismo.
No pasan siete días para que todo vuelva a la normalidad. Las tribunas se despueblan y el oficio de heladero de estadio vuelve a tornarse inestable. Los periódicos voltean la cara, dicen “yo no dije lo que dije” y disertan en torno a la mediocridad del torneo local. Por último, los futbolistas recrean el desatino a estándares que solo la dipsomanía y diez quincenas atrasadas pueden justificar. Así son los febreros.

Pero antes de todo esto sobresalen las ganas. “Me pican los pies”, afirman los futbolistas antes de arrancar un nuevo campeonato. Sea por entusiasmo o por hongos, su sinceridad es plena. Quieren jugar cuanto antes. Pero lo que pasó en 1993 con un jugador del UTC ya fue exagerado.

El equipo cajamarquino, maltratado por la estrechez económica y la precariedad futbolística, debía inaugurar el Descentralizado enfrentando a Sport Boys en el estadio Nacional. Los rosados, a diferencia de estos tiempos, tenían una de las mejores plantillas del medio: el arquero Jacinto Rodríguez, Pedro Requena, Puchungo Yáñez y Germán Avestruz Carty, entre otros. “Sería lindo empezar con una goleada” dijo Roberto Challe fungiendo de adivino en lo que era una apuesta segura. Bastaba saber que UTC solo presentaría a dos suplentes en el banco.
Pero entonces sucedió lo inverosímil. Los equipos salieron al campo y los fotógrafos se acercaron con la idea de captar a los flamantes planteles del Descentralizado. Tan abocados se encontraban en su misión retratista, que ninguno reparó en que en las fotografías aparecían doce jugadores del UTC debidamente uniformados. Providencialmente, el árbitro Arnao se percató del error antes de que iniciase el match y, sonrisas van, sonrisas vienen, retiró del gramado a un jugador de apellido Castro.

Dos hipótesis comenzaron a circular. La primera giraba en torno a un desliz del comando técnico. El entrenador José Salas habría caído en la distracción que años atrás, con buzo de Universitario, tuviera el Gato Fernando Cuéllar en la charla previa a un partido de los cremas. Inadvertidamente, Cuéllar había nominado a doce jugadores titulares para un encuentro y al ser notificado de su error por Jesús Torrealba (“Profe, somos doce”), resolvió el asunto con clase, ganándose El Chucho un lugar preferencial en el banco de suplentes. Según esta teoría, Salas no habría tenido los ágiles reflejos del Gato para resolver el desacierto matemático.
La segunda hipótesis señalaba que el propio jugador habría desatendido la alineación dada por el técnico y, por propia cuenta y riesgo, habría saltado al campo entusiasmado por el inicio de un certamen que, además, estrenaba un estadio Nacional con césped recién cortado (“A lo Wembley”, como sugirió el suplemento deportivo Crack). De paso, Castro burlaba así el cruel anonimato que envolvía su carrera deportiva. Tal conjetura encuentra respaldo en que quien escribe estas líneas no ha encontrado a algún conocedor de fútbol que supiera responder cómo se llamaba el susodicho. Alguno atinó a responder que Jorge, pero que no estaba seguro. Súmese a ello el hecho de que el equipo cajamarquino apenas había llevado dos suplentes a su debut, por lo que Castro iba a estar obligado a compartir banca, casi en solitario, con el técnico Salas. Su intrascendencia hubiera quedado expuesta ante todos.

Sin embargo, con el correr de los minutos asomó la paradoja. UTC empezó a ser fácilmente superado por Boys que, además, tenía el antecedente de haberle facturado a los cajamarquinos una goleada de 8-2 en la temporada anterior. Por eso, cuando el partido se puso 2-0, todos los jugadores ‘utecinos’ querían irse.
Por ejemplo, el delantero Miguel Pacora se ganó la tarjeta roja tras aplicar un codazo en la oreja izquierda de Cédric Vásquez. Muchos lo tildaron de irresponsable. Pero lo cierto es que la acción de Pacora fue más que temeraria, tomando en cuenta que Vásquez fue uno de los adalides del macheterismo ochentero. Por entonces, meterle un codazo a Vásquez era, más o menos, como lanzarse en carretilla contra el Puma Carranza o fingir una falta del Churre Hinostroza.
Pero Pacora no fue el único. Promediando los 51’, en la jugada en la que Requena puso el 4-1 parcial, el arquero visitante Dionisio Gil se estrelló “accidentalmente” contra el vertical y obtuvo un leve y oportuno traumatismo encéfalo craneano que lo libró de continuar en el juego. Su inexperto suplente, Johnny Aguilar, tuvo que entrar al terreno para comerse tres goles más. Castro se quedó solo en el banco hasta los 72’, cuando ingresó por Julio Buendía. El partido ya iba 5-1 y no había nada que enmendar.

Terminado el encuentro con un contundente 7-1, algunos periodistas se dedicaron a comentar que la suerte de UTC estaba echada, como al final lo estuvo. Y entonces alguien reparó en la extraña situación de los doce jugadores y otro comentó que al equipo cajamarquino “se le venía el Vía Crucis”. Varios segundos de silencio irrumpieron en la tertulia. Se unieron cabos. Se reparó en el guarismo. “Doce, como los apóstoles”, se murmuró. Fueron en busca de una Biblia que, siendo objeto infaltable junto al walkman y al Charcot en el maletín de todo futbolista, fue fácil de conseguir. La Última Cena, la Crucifixión, los 24 chimpunes. Todo coincidía. “¿Y cuál de los apóstoles sería Castro?”. La pregunta se perdió irremediablemente entre la brisa veraniega porque dieron las siete de la noche y Universitario y Sipesa se aprestaban a arrancar el partido de fondo.

Quiero dejar en claro que no me adscribo de modo alguno a esta última hipótesis, aunque no niego que bien merecería una investigación. Pero creo que es mejor dejarla a los expertos. Dan Brown tiene la palabra.

FICHA DEL PARTIDO:

Sábado 27 de febrero de 1993
Estadio Nacional
1ra Fecha Descentralizado 1993
BOYS (7): J.Rodríguez; Jacquet, Pedraglio, Requena, Barreda; Aspe, Cédric Vásquez (M.Charún), Yáñez, Asseretto; Carty (Araujo), Mordini. DT: Roberto Challe
UTC (1): Gil (Aguilar); Casas, Salas, M.Ramírez, Elguera; Rivera, Sánchez, Buendía (Castro), Pacora; A.Torres, W.Ramírez. DT: José Salas
Árbitro: Antonio Arnao
Asistencia: 7,043 espectadores
Goles: Asseretto 18’PT, Carty 33’PT y 16’ST, Mordini 3’ST, Requena 6’ST, Pedraglio 38’ST, Jacquet 41’ST (SB); Casas 35’PT (UTC)
TR: Pacora (UTC)

(Imágenes tomadas de la revista El Gráfico (1), el suplemento Crack (2, 3 y 4) y los diarios Onda (5) y Expreso (6))

HALLAZGOS BIZARROS No. 2: Diez y once

En Tacna, la tarde del 31 de enero de 1982, el entrenador Walter Milera (q.e.p.d.) elaboró un esquema altamente vanguardista. 4-3-2. Naturalmente, no fue iluminación divina, sino adaptación al desastre. Era la última fecha del campeonato de 1981, y Deportivo Junín, sin mayores aspiraciones, decidió ahorrar y mandó solo a diez jugadores a la Ciudad Heroica para medirse con Bolognesi. Rivera; Uculmana, Uribe, E.Salazar, Pineda; Jaramillo, Miranda, Jaime; J.Salazar, Muchotrigo. Estos fueron los diez que mandó Milera al campo. Bolognesi goleó 3-0 goles de ‘Camote’ Vásquez, Vicente y Liendo. Pero esa tarde ganó el fútbol. La improvisación se volvió arte.

Fecha: 31 de enero de 1982.
Fuente: Diario La Crónica.

viernes, 11 de julio de 2008

Perro Regresa


Hay en este país centenares de hombres bien intencionados que hubieran entregado su vida al fútbol sin pedir suite en Los Inkas o Land Rover en la cochera. Todo con tal de cumplir un sueño. Sueño del que, como es natural, tuvieron que despertar por la voracidad de las argollas, el previsor mandato paterno o los cincuenta céntimos que no había para transportarse al entrenamiento. En suma, por este país que patea las pelotas. Es el sueño de pisar alguna vez el césped del Estadio Nacional.
Por eso, dichoso sea Fido, el perro que interrumpió una tarde de 1995 un partido de la selección peruana de fútbol para posar sus patitas sobre el gramado del José Díaz. Antes de entrar al estudio del caso, habrá que precisar que Fido no era su verdadero nombre, sino tan solo la invención de este servidor para hacer justicia bautismal con quien en otras circunstancias no habría de ser considerado más que un “perro chusco”.

Repasando el contexto: Era una tarde invernal de 1995 y la selección de Miguel Company enfrentaba a Eslovaquia en amistoso con miras a la Copa América de Uruguay. Como es lógico, la presencia en la capital de un país que tenía recién dos años de consumada su independencia (la división de Checoslovaquia, para los menos avispados), despertó a la novelería limeña en tres de sus vertientes más acostumbradas: la soberbia, la pedantería y el oportunismo.
-Entre la soberbia habría que reseñar los duros comentarios que prodigara la prensa deportiva contra la capacidad del rival. “Vienen de perder 6-0 con Argentina”, vociferaron unos. “Se lanzan pelotazos entre ellos”, afirmaron otros. Y todos, “coincidentemente”, sentenciaron luego que los eslovacos se dedicaron a destruir el juego, marcando pegajosamente a cada seleccionado peruano.
-Dentro de la chismosería ubíquese a la malintencionada leyenda urbana que corriera por las graderías del Nacional: esta señalaba que los eslovacos habían paseado la noche previa por la avenida Larco bebiendo incalculables latas de cerveza, fumando cigarrillos y emparentándose con señoritas de cotización variable. Aunque esto último era fácilmente refutable, evidenciándose la contradicción con las declaraciones post partido que ofreciera el Coyote Julio Rivera, las cuales ponían en entredicho las aficiones e impulsos de los rivales de turno: “Es difícil jugar con un eslovaco todo el rato atrás de uno”.
-Finalmente, el oportunismo se manifestó en los agentes distractivos que rodearon el espectáculo con el fin de desconcentrar al oponente. Uno fue el popular Quieroguita, curioso personaje en silla de ruedas con tendencia a pedir colaboración a todo aquel que se le cruce en un estadio; según las crónicas de la época, Quieroguita multiplicó sus dotes histriónicas y, balbuceando unas palabras supuestamente eslovacas, hizo pasar por caja a los desconcertados visitantes. La otra anomalía ocurrió en pleno partido, cuando los parlantes del estadio fueron empleados en un mensaje que más parecía la fina estrategia publicitaria de un técnico desempleado: “Aaaatención, al señor M.B., acercarse a la puerta número 4 del estadio”. La estrategia, consistente en que el nombre llegara a oídos de algún dirigente en apuros, no encontró mayor eco que el de las risas del respetable. ¿Quién era aquel técnico? Para dejar a buen recaudo su reputación (o lo que quede de ella), bastará decirse que fue seleccionador peruano a mediados de los ochenta, que tuvo un inexplicable suceso en el fútbol boliviano, y que es “colombroño” de un actual candidato a la Presidencia de los Estados Unidos.

Pero es del perro de quien debemos hablar. Promediando el primer tiempo, Fido empezó a correr sobre el verde del Nacional, suscitando su presencia las reacciones más variopintas. En los eslovacos, troncos hasta el abuso, surgió el comprensible temor de que el can los confundiera con un árbol. En los peruanos, la duda de si los perros eran o no un probable agente infeccioso del virus de la salmonella, que semanas atrás postrara en cama (y water) a una decena de seleccionados. Y en el juez César Córdova, la irremediable pregunta de si el animal contaba con todas sus vacunas al día, dado los antecedentes que el recordado Serafino tenía con las mordeduras.
Cinco minutos duró el espectáculo de Fido, que alegremente driblaba a jugadores de ambos elencos sin que estos pudieran frenar su protagonismo. Tan magistral fue su actuación que el diario El Bocón le cedió un espacio preferencial en su recordado Aplausómetro, al lado de Ñol Solano, Miguelón Miranda y Chemo Del Solar, que también anduvieron en un nivel aceptable.
El show de Fido, no obstante, encontró un ingrato final cuando decidiera trasladarse hacia el área eslovaca. Sentado en el punto de penal, se puso cara a cara con el golero Stanislav Fisan; los chasquidos de dedo del arquero fueron erróneamente interpretados por Fido como cariño. Arteramente, Fisan lo tomó del cogote y lo retiró de la cancha. El resto del partido, ganado con un penal de Solano, fue un bodrio. Como para preguntarse si el gesto de Fisan había valido realmente la pena.

Al menos Fido abandonó el campo como un paradigma del Fair Play. A todos constó que jugó limpio: en ningún momento levantó la pata.

FICHA DEL PARTIDO:

Domingo 25 de junio de 1995
Estadio Nacional
Partido amistoso
PERÚ (1): Miranda; Jorge Soto, Reynoso (A.Ramírez), José Soto, Olivares (M.Salazar); Carranza, Del Solar, Solano, Palacios; Rivera (M.Rodríguez), Baroni. DT: Miguel Company
ESLOVAQUIA (0): Fisan; Hraval (Trutz), Karham, Kostka (Bugar), Toth (Filak); Ovad, Balis, Jankula, Ujlaki (Pancik); Bochnovic, Nemeth. DT: Karol Pecze
Árbitro: César Córdova
Asistencia: 7,735 espectadores
Recaudación: S/. 107,009
Gol: Solano 13’ST (p) (PER)

(Imágenes tomadas de los diarios El Bocón (1, 2 y 5) y El Comercio (3 y 4))

HALLAZGOS BIZARROS No. 1: Los arcos hundidos

El Fenómeno del Niño de 1983 dejó estragos también en el fútbol y dio a lugar una de las suspensiones más insólitas que puedan recordarse. En Talara, una de las zonas más afectadas, no paró de llover el día previo al enfrentamiento entre Torino y ADT por la octava fecha del Descentralizado. Y los arcos se hundieron en el fango del estadio ‘Campeonísimo’. El árbitro Carlos Rivero suspendió el encuentro para el día siguiente, siempre y cuando los arcos fuesen desenterrados. Previsiblemente, el partido recién pudo disputarse dos meses después.

Fecha: 5 de junio de 1983.
Fuente: Diario El Comercio

martes, 13 de mayo de 2008

01

Que este es un país que no reconoce sus taras, ya es sabido. Por eso, si los pocos buenos ejemplos de sensatez y/o humildad tienen que venir de afuera, bienvenidos sean. Como el que dejara hace algunos años Luisao De Paiva, moreno arquero brasileño que arribara al Perú a principios de los noventa para dejar una impagable lección de autocrítica, canallescamente subestimada por una prensa que decidió concentrarse en sus temerarias salidas, en sus ineficaces achiques, en su personificación de la torpeza con guantes. A diferencia de aquellos que hablan de humildad de la boca para afuera, Luisao optó por algo más valiente: mimetizarse con ella. En tal objetivo, escogió una tarde de abril de 1993 para salir a la cancha con un uniforme en cuya numeración llevaba estampados dos dígitos: “01”. Es decir, reconociendo sus carencias, De Paiva tomó referencia en la escala vigesimal, consultó con su conciencia y decidió calificarse a sí mismo tal como se lo merecía. No se puso el “1”, el “12” o el “20”: decidió preceder el primer dígito con un cero tan redondo como su enseñanza de vida. Si los peruanos fuéramos agradecimos, Luisao seguiría hoy entre nosotros inaugurando campeonatos barriales y tendría tres estadios con su nombre, escuela de fútbol, programa propio en RBC y treinta mil ediciones vendidas de algún libro de autosuperación (“¿Quién se ha llevado mis guantes?” hubiera quedado excelente como título). Pero no.
Previsiblemente, algunos aprovecharon para hacer mofa de tan encomiable gesto. Esa tarde su equipo, Alianza Atlético, fue vapuleado 4-0 por Universitario, y algún diario sugirió que el brasileño optara la próxima vez por el “cero-cero”. Luisao debe haber movido la cabeza de un lado a otro: con este país no se puede. Quiso hacer patria y le soltaron los perros. Y después nos quejamos de no ir al Mundial.

02
Aún pese a cerrarla con goleada a favor en el Descentralizado, aquella fue una semana fatal para Universitario. Campeón de la temporada anterior, había jugado todas sus fichas a la Copa Libertadores y debía pelear por el pasaporte a los cuartos de final en Guayaquil, frente al Barcelona (el bamba, de camisetas amarillas). Arteramente, los ecuatorianos programaron el partido al mediodía, con abrasadores cuarenta grados sobre un gramado que humeaba. Tras una inicial molestia (“a esa hora no se juega, se almuerza”, dijo más europeísta que nunca el serbio Iván Brzic), los cremas decidieron prepararse a fondo para este encuentro. Preparación que básicamente consistió en la espectacular rapada que se mandó el Puma Carranza (con una “U” minuciosamente afeitada en ambos parietales, apenas cubierta por una redecilla blanca), ejemplo que siguieron algunos de sus compañeros arriesgando su integridad física. Si la presumible insolación craneal tuvo algo que ver con el absurdo penal que cometiera Carranza durante el partido, y que a la postre facilitara el 3-0 que sacó a los cremas de la Copa, es algo que solo la ciencia médica está en condiciones de responder.

03
Lamentablemente, derrotas como esta suelen tener consecuencias inmanejables. Algunas vuelan insubordinadas hacia el más allá. Como volara el ciudadano de iniciales P.A.A. (28) desde el piso trece de La Torre de Lima en audaz expresión de desencanto futbolístico. El viernes 16 de abril, al lado de múltiples desgracias como “Robacarros acribillan mujer dentro de su auto” o “Bebita se baña con olla de chicha hirviente”, el diario Ojo informaba a la opinión pública de la trágica decisión que el joven empleado del Ministerio Público había tomado tras la eliminación copera de la ‘U’, su equipo favorito. Testigos manifestaron que en días previos P.A.A. se había mostrado “sumamente nervioso”, afectándole sobremanera las burlas que hicieran sus compañeros de trabajo, mayoritariamente aliancistas, sobre el contundente 3-0 de Guayaquil. Paradojas de la vida, su cadáver fue cubierto por una ruma de periódicos que informaban del papelón del equipo de sus amores.

04
Ante todo esto, el clima en Odriozola estaba caldeado. La renuncia de Brzic circulaba como circulan los rumores en este país, en voz alta. Se anunciaba la contratación (nunca concretada) del ecuatoriano Jesús Capurro como sucesor de Balán Gonzales, que por cierto no se había ido a ninguna otra parte. Norte exigía el regreso de Juan Carlos Letelier, despedido de tienda crema, a confesión del chileno, por el directivo Raúl Montoya. Para acabarla, Cristal sí había logrado, a diferencia de los merengues, pasar a los cuartos de final de la Libertadores eliminando a El Nacional de Quito, y el delantero Flavio Maestri recibía amenazas de la Trinchera luego de haber celebrado un gol semejando los movimientos de una gallina en ajetreos copulativos. Para colmo, la flamante calva que inevitablemente luciría Carranza por varias semanas más convirtióse en fatídica insignia de la debacle en Guayaquil. La crisis era absoluta, pero la ‘U’ tenía que reincorporarse de inmediato: Alianza Atlético, colero del campeonato, lo visitaría en el Lolo.

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Pero a la crisis le faltaba aún lo peor. El emblemático Toto Terry no dudó en cuestionar, desde su columna del suplemento deportivo Crack, la pobrísima performance del equipo de su vida, enfocando sus dardos en el capitán Roberto Martínez e increpándole su escasa trascendencia internacional. El día del partido ante Alianza Atlético, la tarde del 01, la hinchada crema preparó un minucioso repertorio de insultos para su equipo, teniendo como destinatarios, en estricto orden, al directivo Montoya, a Flavio Maestri, a Ricardo Chancha Besada y a Roberto Martínez. Con Martínez fueron especialmente audaces: “Martínez, señorita, la p.q.t.p”, retumbaban las maderas del viejo coloso de Breña.
Aquello sirvió para ratificar la relación de amor - odio que tuvo el creativo crema (símbolo en las buenas, argollero en las malas) con el respetable y que años más tarde se acentuarían al descuidar sus quehaceres profesionales por su enlace matrimonial con la rubia conductora de TV Gisela Valcárcel. Como botón, basta recordar la encarnizada defensa que por esos años hiciera de él su inseparable colega El Puma Carranza, quien reprochaba que cómo iban a decir “que Roberto es mala persona, si no le pega ni a su mujer”.

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El partido, un mero trámite. En el primer tiempo, Tomás Silva aprovechó un mal rechazo de Luisao y puso el 1-0. Después, un penal contra Carranza fue bien disparado por Nunes para poner el segundo. Dos tantos más del paraguayo cerraron la cuenta frente al débil equipo norteño: el partido en sí no dejó más para el recuerdo, salvo la absurda lesión del argentino Gustavo Tempone, otro de los nuevos skinheads de Breña: con solo 120 segundos en el campo, decidió acompañar a Nunes en el festejo de un gol, dando varios saltitos sobre el césped y ganándose un calambre que obligó a su rápida sustitución.
Entretanto, Luisao volteaba a su arco para observar cada balón incrustado en las redes. Tenía la cabeza gacha, pero los ojos firmes. Así, como los sabios.

FICHA DEL PARTIDO:

Sábado 17 de Abril de 1993
Estadio Lolo Fernández
9na Fecha Descentralizado 1993
UNIVERSITARIO (4): Zubzuck; Charún, Asteggiano, Reynoso, Carranza; Bazalar, Martínez, Nunes, F.Torrealva; Silva, Besada (Tempone (M.Rodríguez)). DT: Iván Brzic
A.ATLÉTICO (0): Luisao; Spencer, Ruiz, J.Gonzales, García; Andrade, Castillo, Wancheng, Herrera (Rocha); Távara, I.Navarro (S.Gonzales). DT: Ronald Amoretti
Árbitro: Juan Mondoñedo
Asistencia: 1,136 espectadores
Recaudación: S/. 9,524
Goles: Silva 13’PT, Nunes 15’ST (p), 32’ST y 39’ST (U)

(Imágenes tomadas del diario Ojo y su suplemento deportivo Crack)

viernes, 22 de febrero de 2008

Grave denuncia

1994 puede resumirse en una imagen: el puñetazo de Nunes a Kopriva. La postal sirvió como sello distintivo de la versión peruanizada del Fútbol Excitante (SNES), como inmejorable pauta de la violencia social en el intro de una telenovela y como agente del ascenso profesional de un ídolo-entrenador. Por ello, la revelación que haremos en las siguientes líneas podría traer cola.

Lamentamos informar que aquel inmortal combo que Nunes le propinara a Kopriva no fue más que un burdo PLAGIO. Así como lo lee. Y lo decimos CON TODAS SUS LETRAS (seis). Cuando se pensaba que esta tipología delictiva se hallaba confinada a la esfera literaria del país, descubrimos que en el mundo del fútbol también ha dejado su ignominiosa huella. No podíamos quedarnos callados.

La víctima de esta recreación pugilística pirata fue Gustavo Tempone, por entonces un literalmente combativo mediocampista del Deportivo Sipesa de Chimbote. Situemos el asunto para evitar resquicios legales que pudieran sabotear una potencial y justa acción penal de parte del agraviado.

Sipesa, entrenado por el paraguayo Cayetano Re (a quien su poco feeling con la prensa le costara ganarse apelativos como Re Malo o Re Malcriado según el estado de ánimo del tabloidismo nacional), visitaba al fusionado Aurich/Cañaña, que era dirigido por un Horacio La Pepa Baldessari con la melena larga y las piernas aún libres de varices. Los chimbotanos habían tenido un flojo arranque de torneo y urgían la victoria. Ergo, los ánimos andaban crispados.

Sobre los 20 minutos de juego se dio la única incidencia relevante de dicho encuentro. El argentino Tempone perdió infantilmente un balón, generando un rápido e improductivo contragolpe chiclayano. Posiblemente desvariado por la cuota de poder que le otorgaba el contar con una cinta pegada al hombro, el capitán chimbotano Jorge Gallardo se acercó a su compañero de equipo para increparle la desconcentración. No llegó a completar tres palabras cuando el puño derecho de Tempone ya se había empotrado contra su rostro. Pobre capitán. Se creyó José Velásquez y se quedó en Jorge Gallardo.

Naturalmente, el árbitro Mayorga se inclinó por el más débil y echó de la cancha al argentino, permitiendo que Gallardo, con el maxilar torcido, continuara tranquilamente en el gramado. De este modo, Sipesa se quedó con 10 jugadores y aún así ganó el partido (1-2), lo cual brindó argumentos para que el periodismo deportivo nacional, fiscalizador como siempre, declarara “prescindible” a Tempone y pidiera su inmediata expulsión de esta cálida tierra que le había dado cobijo.

Es cierto, el volante tenía sus antecedentes. En la temporada anterior, jugando por Universitario, había conchasumadreado a micrófono abierto al técnico uruguayo Sergio Markarián por haber ordenado su sustitución en un clásico. También con los cremas, durante un entrenamiento, había asestado otro golpe directo al rostro de Ricardo ‘Chancha’ Besada, hecho que demostrara su versatilidad con ambos puños, ya que, a diferencia de la trompada a Gallardo, el robusto delantero crema fue noqueado de un zurdazo. Tildándolo de “joyita” y “parrillero”, los diarios exigían a los dirigentes del Sipesa “ponerse los pantalones” y confiscarle al díscolo futbolista, bautizado temerariamente como Chucky por sus compañeros de equipo, su carné de extranjería.

Mucho más comprensivo fue un periodista de la ya fenecida revista Estadio, que realizó una conmovedora entrevista a Tempone, en la que este narraba, por ejemplo, lo duro que había sido dejar a su familia antes de cumplir la veintena para embarcarse en una aventura futbolística en Israel (escala inmediatamente previa a su arribo al Perú). En suma, la nota dejaba entrever que la temprana separación del seno hogareño había sumido a Tempone en un leve, pero remediable desvarío psicológico. Entusiasmado, el periodista le adhirió al reportaje una pincelada cultural, aprovechando las líneas finales para alardear de sus adelantados conocimientos del latín: Cujusvis humanum errare; nullius, nisi insipientes, in errore perseverare (Cualquier hombre puede errar, pero solo los necios perseveran en el error).

Otros no fueron tan contemplativos. El diario El Bocón, por ejemplo, apeló a la ciencia para elaborar un minucioso perfil clínico del agresor. Incluso, logró adentrarse en la etimología de su apellido, encontrando como perturbador detalle el que este rimara con términos asociados a la violencia (“Hampone” (sic), “Capone”). Aportó, además, un elaborado infográfico para estudiar la anatomía del argentino en función a sus patrones psico-conductuales. Por ejemplo: “Orejas: le sirven para oír tangos o escuchar que ya es el día de pago. Pero nunca para escuchar cómo lo requinta la tribuna”.

Los pormenores de la agresión, naturalmente, desaparecieron de los periódicos en menos de siete días: tanto así que casi seis años después, ya mucho más sereno y nacionalizado peruano, Tempone se enfundó la camiseta de la Selección sin que nadie pusiese reparos.

El escándalo, dicho está, se olvidó rápido. Demasiado rápido, quizás. Porque aquella súbita amnesia fue la que le dio carta blanca a Nunes para pasar a la inmortalidad remedando grotescamente a Tempone. Naturalmente, el paraguayo agredió a un rival y no a un compañero de equipo (lo que le resta aún más mérito a su gesta), pero aquel es un detalle facilista, una potencial leguleyada que podría emplearse para desviar lo neurálgico de esta denuncia: la casi exacta reproducción de un puñetazo que, si a alguien debió otorgarle la posteridad, era a Tempone. Nunes golpeó a Kopriva el 21 de mayo del 94. El partido en Chiclayo fue el 17 de abril. 34 días antes. El periodismo omitió de forma negligente una directa concatenación de hechos que hubiera encontrado inmediata repercusión jurídica. Hoy, salvo que algún penalista nos desmienta, podemos afirmar que el delito ya ha prescrito.

De no ser así, hay varias cosas por hacer. Antes que nada, no pudiendo entrar un puñetazo en el glosario punitivo contra la propiedad intelectual, urge incorporar un neologismo que compendie la esencia de semejante infracción a la originalidad boxística. Podría ser “delito contra la propiedad iletrada”.

Lamentablemente, la intrascendencia de aquel partido en Chiclayo impide contar con una prueba videográfica que ponga a Nunes contra las cuerdas de la ley, quedando apenas el testimonio escrito de los diarios de la época. Con gusto dejaremos esta documentación a plena disposición de INDECOPI o las autoridades competentes. Los peruanos estamos cansados de mentiras.

FICHA DEL PARTIDO:

Domingo 17 de Abril de 1994
Estadio Elías Aguirre (Chiclayo)
3era Fecha Descentralizado 1994
AURICH/CAÑAÑA (1): Domínguez; E.Rivera, N.Rivera, Fabbián, M.Vásquez; E.Guevara, Zúñiga (Mujica), Ch.Vásquez, Juárez; Ode (I.Navarro), Muggione. DT: Horacio Baldessari
SIPESA (2): R.Navarro; Ormeño, Cristaldo, Gallardo, Molina; Novella (Guillén), Lanatta, Díaz, R.López; Tempone, Ramírez (Hidalgo). DT: Cayetano Re
Árbitro: Víctor Mayorga
Goles: R.López 25’ST (p), Molina 36’ST (DS); Muggione 27’ST (AC)
TR: Tempone (DS); E.Guevara (AC)

(Imágenes tomadas del diario El Bocón (1, 2 y 3) y la revista Estadio (4))

domingo, 3 de febrero de 2008

Cabana Time en Matute

¡Ay del tiempo! Bien que se agota y no se vende en boticas. Impenetrable universo donde se acumulan dichas y desgracias que ya no se pueden tocar. Invisible tirano que se lleva nuestra vida en el instante previo. Bueno, mejor paro antes de batir brazos al cielo suplicando misericordia al dios Chronos. Dejo eso en manos de pesos pesados de la prosa rococó, como el muy estimable Sr. Efraín Trelles, El Antropólogo del Deporte (RBC dixit).

En fin, lo que en un lenguaje llano y conciso debe decirse es que la puntualidad es una vaina. Más aún en feriados. Era el Día de Santa Rosa de 1991 y el Rotary International decidió organizar en Matute un partido amistoso en el marco de una campaña de alfabetización que venía liderando. Los rivales: Alianza Lima frente a Independiente de Avellaneda, que traería nada menos que a su figura histórica Ricardo Bochini, flamantemente retirado y erigido como entrenador del equipo de su vida.

Los blanquiazules no se quedaban atrás. Como contraparte a la prematura calvicie del astro argentino, presentaban en sus filas a César Cueto en impecable estado físico y con la cabellera intacta. Eso sí, en el predecible duelo que propuso la prensa nacional, tan dada a las rivalidades imaginadas (¿alguien sabe de cuándo acá tenían que reverdecer Cueto y Bochini alguna disputa?), le ayudaba al Poeta de la Zurda el permanecer aún profesionalmente activo –sería su última temporada oficial calzando chimpunes-, mientras el ‘Bocha’ había tenido que decidir meses atrás su definitivo adiós por una seria lesión contraída en un Independiente-Estudiantes de La Plata.

Alianza se preparaba para su debut en el Segundo Regional (enfrentaría a AELU dos días después) y había aprovechado el receso entre un torneo y otro para refaccionar las torres de electricidad del coloso victoriano. El ambiente no era el mejor: ya se habían hecho públicas las rencillas entre Cueto y el entrenador brasileño José Carlos Amaral que, en actitud profana que presumiblemente le costó el puesto menos de un mes después, se oponía a que el talentoso zurdo de 39 años siguiera desplegando pequeñas cuotas de magia en el mediocre campeonato local.

Como suelen hacer los equipos ‘importantes’ que pisan nuestra capital –esa estrategia ninguneante que los peruanos recibimos con incomprensible gratitud- Independiente llegaba con su equipo de reserva, en el cual destacaba –es un decir- Juan Carlos ‘El Bombero’ Ibáñez, zurdo delantero que un lustro después terminó jugando como lateral izquierdo en Sport Boys.

Aunque, en el sentido estricto de la regla, decir que Independiente “llegaba” sería un craso error. Lo fáctico, lo real, lo concreto, era que Independiente “no llegaba”.

El partido había sido programado para las tres y media de la tarde. Sin embargo, los escasos hinchas que se dieron cita ese día en Matute estaban inquietos, se veían las caras unos a otros, pues si bien habían sacrificado su día libre por ver Cueto, al menos se necesitaba un rival que ponerle enfrente. El problema era que dicho rival en esos momentos ni siquiera había pasado aduana.

La excesiva confianza que Rotary depositó en el capital nacional casi hizo que el partido no se jugara. Que no hubiera show de Cueto ni alfabetización para la niñez peruana. Aero Perú había cancelado su vuelo Buenos Aires-Lima, por lo que hubo que buscarse cupos de emergencia en Aerolíneas Argentinas. Ante tanta descoordinación, los Diablos Rojos de Avellaneda recién pisaron suelo peruano a las 2:50 p.m.

Por ello, los jugadores argentinos tuvieron que sortearse el aeropuerto en un pique y subir al bus para recién ahí cambiarse, poniendo al descubierto sus zonas pudendas por toda la Avenida La Marina. Llegaron al estadio casi para el lonche: bordeando las 4:30 p.m., el árbitro César Cachay dio inicio al cotejo.

Del partido, lo más saltante fue el inusual sistema 3-4-3 presentado por Amaral con ‘Vitito’ Reyes como central (¿?). El marcador lo abrió a los 28 minutos, de un zurdazo alto y tras preciso servicio de Cueto, el finado César ‘Ratón’ Rodríguez, liquidando en el segundo tiempo el ‘Churre’ Hinostroza con un remate seco que se estrelló en el travesaño y rebotó al interior del arco de Velásquez.

En líneas generales, Independiente, repleto de juveniles y suplentes, fue presa fácil para los victorianos. ¿Bochini? Según los reportes de la época, “jugó al trote” y aún así Pedro Sanjinez “no lo cazaba”. En su cargo de director técnico, decidió sustituirse a sí mismo en los vestuarios y no reingresó en la complementaria.

La oscuridad comenzó a apoderarse de Matute (recordar que las torres estaban en reparación) y en eso hizo su aparición en sociedad el delantero búlgaro Jordan Petrov, sobre cuya eficacia goleadora basta mencionarse que terminó trabajando como repartidor de fichas en un casino miraflorino. Aún así, el diario Expreso señaló que “mostró condiciones para consagrarse en corto plazo en un centro delantero de cuidado para los adversarios de los íntimos”. Bueno, ya casi no se veía nada, así que tamaño desliz resulta, al menos, disculpable.

En vista de que caía la noche, y para evitar peores vaticinios periodísticos, el árbitro decidió culminar el partido cuando faltaban aún siete minutos por jugarse. Como ya Cueto había salido del campo, casi nadie se dio cuenta.

Bochini declaró al final que “sobre el partido, quiero rescatar la actuación de César Cueto, quien a mi entender, puede continuar en el fútbol”. Mientras dejaba atrás Matute, una honda cavilación revoloteaba en su mente: cómo diablos un tipo que le llevaba dos años de edad podía lucir una cabellera tan bien peinada. Y es que el tiempo le cae a cada quien como mejor le parece.

FICHA DEL PARTIDO:

Viernes 30 de Agosto de 1991
Estadio Alejandro Villanueva
Partido Amistoso
ALIANZA (2): Purizaga; V.Reyes, Reynoso, Prado; Cordero, Sanjinez, C.Rodríguez (Rosinaldo), Cueto (Hinostroza); Basombrío, Saavedra, Cano (Petrov). DT: José Carlos Amaral
INDEPENDIENTE (0): Velásquez; Arzeno, Meijide, Acebal, Degio; Piva, Romero (Barrera), Morales, Bochini (Seguessa); Ibáñez, Osterriedh. DT: Ricardo Bochini
Árbitro: César Cachay
Goles: C.Rodríguez 28'PT e Hinostroza 25’ST (AL)

(Imágenes tomadas de los diarios Expreso (1 y 2) y El Comercio (3) y la Revista El Íntimo (4))