viernes, 22 de febrero de 2008

Grave denuncia

1994 puede resumirse en una imagen: el puñetazo de Nunes a Kopriva. La postal sirvió como sello distintivo de la versión peruanizada del Fútbol Excitante (SNES), como inmejorable pauta de la violencia social en el intro de una telenovela y como agente del ascenso profesional de un ídolo-entrenador. Por ello, la revelación que haremos en las siguientes líneas podría traer cola.

Lamentamos informar que aquel inmortal combo que Nunes le propinara a Kopriva no fue más que un burdo PLAGIO. Así como lo lee. Y lo decimos CON TODAS SUS LETRAS (seis). Cuando se pensaba que esta tipología delictiva se hallaba confinada a la esfera literaria del país, descubrimos que en el mundo del fútbol también ha dejado su ignominiosa huella. No podíamos quedarnos callados.

La víctima de esta recreación pugilística pirata fue Gustavo Tempone, por entonces un literalmente combativo mediocampista del Deportivo Sipesa de Chimbote. Situemos el asunto para evitar resquicios legales que pudieran sabotear una potencial y justa acción penal de parte del agraviado.

Sipesa, entrenado por el paraguayo Cayetano Re (a quien su poco feeling con la prensa le costara ganarse apelativos como Re Malo o Re Malcriado según el estado de ánimo del tabloidismo nacional), visitaba al fusionado Aurich/Cañaña, que era dirigido por un Horacio La Pepa Baldessari con la melena larga y las piernas aún libres de varices. Los chimbotanos habían tenido un flojo arranque de torneo y urgían la victoria. Ergo, los ánimos andaban crispados.

Sobre los 20 minutos de juego se dio la única incidencia relevante de dicho encuentro. El argentino Tempone perdió infantilmente un balón, generando un rápido e improductivo contragolpe chiclayano. Posiblemente desvariado por la cuota de poder que le otorgaba el contar con una cinta pegada al hombro, el capitán chimbotano Jorge Gallardo se acercó a su compañero de equipo para increparle la desconcentración. No llegó a completar tres palabras cuando el puño derecho de Tempone ya se había empotrado contra su rostro. Pobre capitán. Se creyó José Velásquez y se quedó en Jorge Gallardo.

Naturalmente, el árbitro Mayorga se inclinó por el más débil y echó de la cancha al argentino, permitiendo que Gallardo, con el maxilar torcido, continuara tranquilamente en el gramado. De este modo, Sipesa se quedó con 10 jugadores y aún así ganó el partido (1-2), lo cual brindó argumentos para que el periodismo deportivo nacional, fiscalizador como siempre, declarara “prescindible” a Tempone y pidiera su inmediata expulsión de esta cálida tierra que le había dado cobijo.

Es cierto, el volante tenía sus antecedentes. En la temporada anterior, jugando por Universitario, había conchasumadreado a micrófono abierto al técnico uruguayo Sergio Markarián por haber ordenado su sustitución en un clásico. También con los cremas, durante un entrenamiento, había asestado otro golpe directo al rostro de Ricardo ‘Chancha’ Besada, hecho que demostrara su versatilidad con ambos puños, ya que, a diferencia de la trompada a Gallardo, el robusto delantero crema fue noqueado de un zurdazo. Tildándolo de “joyita” y “parrillero”, los diarios exigían a los dirigentes del Sipesa “ponerse los pantalones” y confiscarle al díscolo futbolista, bautizado temerariamente como Chucky por sus compañeros de equipo, su carné de extranjería.

Mucho más comprensivo fue un periodista de la ya fenecida revista Estadio, que realizó una conmovedora entrevista a Tempone, en la que este narraba, por ejemplo, lo duro que había sido dejar a su familia antes de cumplir la veintena para embarcarse en una aventura futbolística en Israel (escala inmediatamente previa a su arribo al Perú). En suma, la nota dejaba entrever que la temprana separación del seno hogareño había sumido a Tempone en un leve, pero remediable desvarío psicológico. Entusiasmado, el periodista le adhirió al reportaje una pincelada cultural, aprovechando las líneas finales para alardear de sus adelantados conocimientos del latín: Cujusvis humanum errare; nullius, nisi insipientes, in errore perseverare (Cualquier hombre puede errar, pero solo los necios perseveran en el error).

Otros no fueron tan contemplativos. El diario El Bocón, por ejemplo, apeló a la ciencia para elaborar un minucioso perfil clínico del agresor. Incluso, logró adentrarse en la etimología de su apellido, encontrando como perturbador detalle el que este rimara con términos asociados a la violencia (“Hampone” (sic), “Capone”). Aportó, además, un elaborado infográfico para estudiar la anatomía del argentino en función a sus patrones psico-conductuales. Por ejemplo: “Orejas: le sirven para oír tangos o escuchar que ya es el día de pago. Pero nunca para escuchar cómo lo requinta la tribuna”.

Los pormenores de la agresión, naturalmente, desaparecieron de los periódicos en menos de siete días: tanto así que casi seis años después, ya mucho más sereno y nacionalizado peruano, Tempone se enfundó la camiseta de la Selección sin que nadie pusiese reparos.

El escándalo, dicho está, se olvidó rápido. Demasiado rápido, quizás. Porque aquella súbita amnesia fue la que le dio carta blanca a Nunes para pasar a la inmortalidad remedando grotescamente a Tempone. Naturalmente, el paraguayo agredió a un rival y no a un compañero de equipo (lo que le resta aún más mérito a su gesta), pero aquel es un detalle facilista, una potencial leguleyada que podría emplearse para desviar lo neurálgico de esta denuncia: la casi exacta reproducción de un puñetazo que, si a alguien debió otorgarle la posteridad, era a Tempone. Nunes golpeó a Kopriva el 21 de mayo del 94. El partido en Chiclayo fue el 17 de abril. 34 días antes. El periodismo omitió de forma negligente una directa concatenación de hechos que hubiera encontrado inmediata repercusión jurídica. Hoy, salvo que algún penalista nos desmienta, podemos afirmar que el delito ya ha prescrito.

De no ser así, hay varias cosas por hacer. Antes que nada, no pudiendo entrar un puñetazo en el glosario punitivo contra la propiedad intelectual, urge incorporar un neologismo que compendie la esencia de semejante infracción a la originalidad boxística. Podría ser “delito contra la propiedad iletrada”.

Lamentablemente, la intrascendencia de aquel partido en Chiclayo impide contar con una prueba videográfica que ponga a Nunes contra las cuerdas de la ley, quedando apenas el testimonio escrito de los diarios de la época. Con gusto dejaremos esta documentación a plena disposición de INDECOPI o las autoridades competentes. Los peruanos estamos cansados de mentiras.

FICHA DEL PARTIDO:

Domingo 17 de Abril de 1994
Estadio Elías Aguirre (Chiclayo)
3era Fecha Descentralizado 1994
AURICH/CAÑAÑA (1): Domínguez; E.Rivera, N.Rivera, Fabbián, M.Vásquez; E.Guevara, Zúñiga (Mujica), Ch.Vásquez, Juárez; Ode (I.Navarro), Muggione. DT: Horacio Baldessari
SIPESA (2): R.Navarro; Ormeño, Cristaldo, Gallardo, Molina; Novella (Guillén), Lanatta, Díaz, R.López; Tempone, Ramírez (Hidalgo). DT: Cayetano Re
Árbitro: Víctor Mayorga
Goles: R.López 25’ST (p), Molina 36’ST (DS); Muggione 27’ST (AC)
TR: Tempone (DS); E.Guevara (AC)

(Imágenes tomadas del diario El Bocón (1, 2 y 3) y la revista Estadio (4))

1 comentario:

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