viernes, 15 de agosto de 2008

Once y doce

Ya es un clásico de todo febrero. En medio del soponcio veraniego, hay siempre una semana dedicada a un acontecimiento que se empeña en trascender la placidez de las playas o la brutalidad de los carnavales contemporáneos: el inicio del campeonato local. Lindando con la novelería, los jugadores lustran sus chimpunes, la prensa fabula expectativas y los estadios se abarrotan de idealismo.
No pasan siete días para que todo vuelva a la normalidad. Las tribunas se despueblan y el oficio de heladero de estadio vuelve a tornarse inestable. Los periódicos voltean la cara, dicen “yo no dije lo que dije” y disertan en torno a la mediocridad del torneo local. Por último, los futbolistas recrean el desatino a estándares que solo la dipsomanía y diez quincenas atrasadas pueden justificar. Así son los febreros.

Pero antes de todo esto sobresalen las ganas. “Me pican los pies”, afirman los futbolistas antes de arrancar un nuevo campeonato. Sea por entusiasmo o por hongos, su sinceridad es plena. Quieren jugar cuanto antes. Pero lo que pasó en 1993 con un jugador del UTC ya fue exagerado.

El equipo cajamarquino, maltratado por la estrechez económica y la precariedad futbolística, debía inaugurar el Descentralizado enfrentando a Sport Boys en el estadio Nacional. Los rosados, a diferencia de estos tiempos, tenían una de las mejores plantillas del medio: el arquero Jacinto Rodríguez, Pedro Requena, Puchungo Yáñez y Germán Avestruz Carty, entre otros. “Sería lindo empezar con una goleada” dijo Roberto Challe fungiendo de adivino en lo que era una apuesta segura. Bastaba saber que UTC solo presentaría a dos suplentes en el banco.
Pero entonces sucedió lo inverosímil. Los equipos salieron al campo y los fotógrafos se acercaron con la idea de captar a los flamantes planteles del Descentralizado. Tan abocados se encontraban en su misión retratista, que ninguno reparó en que en las fotografías aparecían doce jugadores del UTC debidamente uniformados. Providencialmente, el árbitro Arnao se percató del error antes de que iniciase el match y, sonrisas van, sonrisas vienen, retiró del gramado a un jugador de apellido Castro.

Dos hipótesis comenzaron a circular. La primera giraba en torno a un desliz del comando técnico. El entrenador José Salas habría caído en la distracción que años atrás, con buzo de Universitario, tuviera el Gato Fernando Cuéllar en la charla previa a un partido de los cremas. Inadvertidamente, Cuéllar había nominado a doce jugadores titulares para un encuentro y al ser notificado de su error por Jesús Torrealba (“Profe, somos doce”), resolvió el asunto con clase, ganándose El Chucho un lugar preferencial en el banco de suplentes. Según esta teoría, Salas no habría tenido los ágiles reflejos del Gato para resolver el desacierto matemático.
La segunda hipótesis señalaba que el propio jugador habría desatendido la alineación dada por el técnico y, por propia cuenta y riesgo, habría saltado al campo entusiasmado por el inicio de un certamen que, además, estrenaba un estadio Nacional con césped recién cortado (“A lo Wembley”, como sugirió el suplemento deportivo Crack). De paso, Castro burlaba así el cruel anonimato que envolvía su carrera deportiva. Tal conjetura encuentra respaldo en que quien escribe estas líneas no ha encontrado a algún conocedor de fútbol que supiera responder cómo se llamaba el susodicho. Alguno atinó a responder que Jorge, pero que no estaba seguro. Súmese a ello el hecho de que el equipo cajamarquino apenas había llevado dos suplentes a su debut, por lo que Castro iba a estar obligado a compartir banca, casi en solitario, con el técnico Salas. Su intrascendencia hubiera quedado expuesta ante todos.

Sin embargo, con el correr de los minutos asomó la paradoja. UTC empezó a ser fácilmente superado por Boys que, además, tenía el antecedente de haberle facturado a los cajamarquinos una goleada de 8-2 en la temporada anterior. Por eso, cuando el partido se puso 2-0, todos los jugadores ‘utecinos’ querían irse.
Por ejemplo, el delantero Miguel Pacora se ganó la tarjeta roja tras aplicar un codazo en la oreja izquierda de Cédric Vásquez. Muchos lo tildaron de irresponsable. Pero lo cierto es que la acción de Pacora fue más que temeraria, tomando en cuenta que Vásquez fue uno de los adalides del macheterismo ochentero. Por entonces, meterle un codazo a Vásquez era, más o menos, como lanzarse en carretilla contra el Puma Carranza o fingir una falta del Churre Hinostroza.
Pero Pacora no fue el único. Promediando los 51’, en la jugada en la que Requena puso el 4-1 parcial, el arquero visitante Dionisio Gil se estrelló “accidentalmente” contra el vertical y obtuvo un leve y oportuno traumatismo encéfalo craneano que lo libró de continuar en el juego. Su inexperto suplente, Johnny Aguilar, tuvo que entrar al terreno para comerse tres goles más. Castro se quedó solo en el banco hasta los 72’, cuando ingresó por Julio Buendía. El partido ya iba 5-1 y no había nada que enmendar.

Terminado el encuentro con un contundente 7-1, algunos periodistas se dedicaron a comentar que la suerte de UTC estaba echada, como al final lo estuvo. Y entonces alguien reparó en la extraña situación de los doce jugadores y otro comentó que al equipo cajamarquino “se le venía el Vía Crucis”. Varios segundos de silencio irrumpieron en la tertulia. Se unieron cabos. Se reparó en el guarismo. “Doce, como los apóstoles”, se murmuró. Fueron en busca de una Biblia que, siendo objeto infaltable junto al walkman y al Charcot en el maletín de todo futbolista, fue fácil de conseguir. La Última Cena, la Crucifixión, los 24 chimpunes. Todo coincidía. “¿Y cuál de los apóstoles sería Castro?”. La pregunta se perdió irremediablemente entre la brisa veraniega porque dieron las siete de la noche y Universitario y Sipesa se aprestaban a arrancar el partido de fondo.

Quiero dejar en claro que no me adscribo de modo alguno a esta última hipótesis, aunque no niego que bien merecería una investigación. Pero creo que es mejor dejarla a los expertos. Dan Brown tiene la palabra.

FICHA DEL PARTIDO:

Sábado 27 de febrero de 1993
Estadio Nacional
1ra Fecha Descentralizado 1993
BOYS (7): J.Rodríguez; Jacquet, Pedraglio, Requena, Barreda; Aspe, Cédric Vásquez (M.Charún), Yáñez, Asseretto; Carty (Araujo), Mordini. DT: Roberto Challe
UTC (1): Gil (Aguilar); Casas, Salas, M.Ramírez, Elguera; Rivera, Sánchez, Buendía (Castro), Pacora; A.Torres, W.Ramírez. DT: José Salas
Árbitro: Antonio Arnao
Asistencia: 7,043 espectadores
Goles: Asseretto 18’PT, Carty 33’PT y 16’ST, Mordini 3’ST, Requena 6’ST, Pedraglio 38’ST, Jacquet 41’ST (SB); Casas 35’PT (UTC)
TR: Pacora (UTC)

(Imágenes tomadas de la revista El Gráfico (1), el suplemento Crack (2, 3 y 4) y los diarios Onda (5) y Expreso (6))

2 comentarios:

Anónimo dijo...

EXCELENTE!

Anónimo dijo...

Muy bueno este blog!