martes, 13 de mayo de 2008

01

Que este es un país que no reconoce sus taras, ya es sabido. Por eso, si los pocos buenos ejemplos de sensatez y/o humildad tienen que venir de afuera, bienvenidos sean. Como el que dejara hace algunos años Luisao De Paiva, moreno arquero brasileño que arribara al Perú a principios de los noventa para dejar una impagable lección de autocrítica, canallescamente subestimada por una prensa que decidió concentrarse en sus temerarias salidas, en sus ineficaces achiques, en su personificación de la torpeza con guantes. A diferencia de aquellos que hablan de humildad de la boca para afuera, Luisao optó por algo más valiente: mimetizarse con ella. En tal objetivo, escogió una tarde de abril de 1993 para salir a la cancha con un uniforme en cuya numeración llevaba estampados dos dígitos: “01”. Es decir, reconociendo sus carencias, De Paiva tomó referencia en la escala vigesimal, consultó con su conciencia y decidió calificarse a sí mismo tal como se lo merecía. No se puso el “1”, el “12” o el “20”: decidió preceder el primer dígito con un cero tan redondo como su enseñanza de vida. Si los peruanos fuéramos agradecimos, Luisao seguiría hoy entre nosotros inaugurando campeonatos barriales y tendría tres estadios con su nombre, escuela de fútbol, programa propio en RBC y treinta mil ediciones vendidas de algún libro de autosuperación (“¿Quién se ha llevado mis guantes?” hubiera quedado excelente como título). Pero no.
Previsiblemente, algunos aprovecharon para hacer mofa de tan encomiable gesto. Esa tarde su equipo, Alianza Atlético, fue vapuleado 4-0 por Universitario, y algún diario sugirió que el brasileño optara la próxima vez por el “cero-cero”. Luisao debe haber movido la cabeza de un lado a otro: con este país no se puede. Quiso hacer patria y le soltaron los perros. Y después nos quejamos de no ir al Mundial.

02
Aún pese a cerrarla con goleada a favor en el Descentralizado, aquella fue una semana fatal para Universitario. Campeón de la temporada anterior, había jugado todas sus fichas a la Copa Libertadores y debía pelear por el pasaporte a los cuartos de final en Guayaquil, frente al Barcelona (el bamba, de camisetas amarillas). Arteramente, los ecuatorianos programaron el partido al mediodía, con abrasadores cuarenta grados sobre un gramado que humeaba. Tras una inicial molestia (“a esa hora no se juega, se almuerza”, dijo más europeísta que nunca el serbio Iván Brzic), los cremas decidieron prepararse a fondo para este encuentro. Preparación que básicamente consistió en la espectacular rapada que se mandó el Puma Carranza (con una “U” minuciosamente afeitada en ambos parietales, apenas cubierta por una redecilla blanca), ejemplo que siguieron algunos de sus compañeros arriesgando su integridad física. Si la presumible insolación craneal tuvo algo que ver con el absurdo penal que cometiera Carranza durante el partido, y que a la postre facilitara el 3-0 que sacó a los cremas de la Copa, es algo que solo la ciencia médica está en condiciones de responder.

03
Lamentablemente, derrotas como esta suelen tener consecuencias inmanejables. Algunas vuelan insubordinadas hacia el más allá. Como volara el ciudadano de iniciales P.A.A. (28) desde el piso trece de La Torre de Lima en audaz expresión de desencanto futbolístico. El viernes 16 de abril, al lado de múltiples desgracias como “Robacarros acribillan mujer dentro de su auto” o “Bebita se baña con olla de chicha hirviente”, el diario Ojo informaba a la opinión pública de la trágica decisión que el joven empleado del Ministerio Público había tomado tras la eliminación copera de la ‘U’, su equipo favorito. Testigos manifestaron que en días previos P.A.A. se había mostrado “sumamente nervioso”, afectándole sobremanera las burlas que hicieran sus compañeros de trabajo, mayoritariamente aliancistas, sobre el contundente 3-0 de Guayaquil. Paradojas de la vida, su cadáver fue cubierto por una ruma de periódicos que informaban del papelón del equipo de sus amores.

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Ante todo esto, el clima en Odriozola estaba caldeado. La renuncia de Brzic circulaba como circulan los rumores en este país, en voz alta. Se anunciaba la contratación (nunca concretada) del ecuatoriano Jesús Capurro como sucesor de Balán Gonzales, que por cierto no se había ido a ninguna otra parte. Norte exigía el regreso de Juan Carlos Letelier, despedido de tienda crema, a confesión del chileno, por el directivo Raúl Montoya. Para acabarla, Cristal sí había logrado, a diferencia de los merengues, pasar a los cuartos de final de la Libertadores eliminando a El Nacional de Quito, y el delantero Flavio Maestri recibía amenazas de la Trinchera luego de haber celebrado un gol semejando los movimientos de una gallina en ajetreos copulativos. Para colmo, la flamante calva que inevitablemente luciría Carranza por varias semanas más convirtióse en fatídica insignia de la debacle en Guayaquil. La crisis era absoluta, pero la ‘U’ tenía que reincorporarse de inmediato: Alianza Atlético, colero del campeonato, lo visitaría en el Lolo.

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Pero a la crisis le faltaba aún lo peor. El emblemático Toto Terry no dudó en cuestionar, desde su columna del suplemento deportivo Crack, la pobrísima performance del equipo de su vida, enfocando sus dardos en el capitán Roberto Martínez e increpándole su escasa trascendencia internacional. El día del partido ante Alianza Atlético, la tarde del 01, la hinchada crema preparó un minucioso repertorio de insultos para su equipo, teniendo como destinatarios, en estricto orden, al directivo Montoya, a Flavio Maestri, a Ricardo Chancha Besada y a Roberto Martínez. Con Martínez fueron especialmente audaces: “Martínez, señorita, la p.q.t.p”, retumbaban las maderas del viejo coloso de Breña.
Aquello sirvió para ratificar la relación de amor - odio que tuvo el creativo crema (símbolo en las buenas, argollero en las malas) con el respetable y que años más tarde se acentuarían al descuidar sus quehaceres profesionales por su enlace matrimonial con la rubia conductora de TV Gisela Valcárcel. Como botón, basta recordar la encarnizada defensa que por esos años hiciera de él su inseparable colega El Puma Carranza, quien reprochaba que cómo iban a decir “que Roberto es mala persona, si no le pega ni a su mujer”.

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El partido, un mero trámite. En el primer tiempo, Tomás Silva aprovechó un mal rechazo de Luisao y puso el 1-0. Después, un penal contra Carranza fue bien disparado por Nunes para poner el segundo. Dos tantos más del paraguayo cerraron la cuenta frente al débil equipo norteño: el partido en sí no dejó más para el recuerdo, salvo la absurda lesión del argentino Gustavo Tempone, otro de los nuevos skinheads de Breña: con solo 120 segundos en el campo, decidió acompañar a Nunes en el festejo de un gol, dando varios saltitos sobre el césped y ganándose un calambre que obligó a su rápida sustitución.
Entretanto, Luisao volteaba a su arco para observar cada balón incrustado en las redes. Tenía la cabeza gacha, pero los ojos firmes. Así, como los sabios.

FICHA DEL PARTIDO:

Sábado 17 de Abril de 1993
Estadio Lolo Fernández
9na Fecha Descentralizado 1993
UNIVERSITARIO (4): Zubzuck; Charún, Asteggiano, Reynoso, Carranza; Bazalar, Martínez, Nunes, F.Torrealva; Silva, Besada (Tempone (M.Rodríguez)). DT: Iván Brzic
A.ATLÉTICO (0): Luisao; Spencer, Ruiz, J.Gonzales, García; Andrade, Castillo, Wancheng, Herrera (Rocha); Távara, I.Navarro (S.Gonzales). DT: Ronald Amoretti
Árbitro: Juan Mondoñedo
Asistencia: 1,136 espectadores
Recaudación: S/. 9,524
Goles: Silva 13’PT, Nunes 15’ST (p), 32’ST y 39’ST (U)

(Imágenes tomadas del diario Ojo y su suplemento deportivo Crack)