viernes, 11 de julio de 2008

Perro Regresa


Hay en este país centenares de hombres bien intencionados que hubieran entregado su vida al fútbol sin pedir suite en Los Inkas o Land Rover en la cochera. Todo con tal de cumplir un sueño. Sueño del que, como es natural, tuvieron que despertar por la voracidad de las argollas, el previsor mandato paterno o los cincuenta céntimos que no había para transportarse al entrenamiento. En suma, por este país que patea las pelotas. Es el sueño de pisar alguna vez el césped del Estadio Nacional.
Por eso, dichoso sea Fido, el perro que interrumpió una tarde de 1995 un partido de la selección peruana de fútbol para posar sus patitas sobre el gramado del José Díaz. Antes de entrar al estudio del caso, habrá que precisar que Fido no era su verdadero nombre, sino tan solo la invención de este servidor para hacer justicia bautismal con quien en otras circunstancias no habría de ser considerado más que un “perro chusco”.

Repasando el contexto: Era una tarde invernal de 1995 y la selección de Miguel Company enfrentaba a Eslovaquia en amistoso con miras a la Copa América de Uruguay. Como es lógico, la presencia en la capital de un país que tenía recién dos años de consumada su independencia (la división de Checoslovaquia, para los menos avispados), despertó a la novelería limeña en tres de sus vertientes más acostumbradas: la soberbia, la pedantería y el oportunismo.
-Entre la soberbia habría que reseñar los duros comentarios que prodigara la prensa deportiva contra la capacidad del rival. “Vienen de perder 6-0 con Argentina”, vociferaron unos. “Se lanzan pelotazos entre ellos”, afirmaron otros. Y todos, “coincidentemente”, sentenciaron luego que los eslovacos se dedicaron a destruir el juego, marcando pegajosamente a cada seleccionado peruano.
-Dentro de la chismosería ubíquese a la malintencionada leyenda urbana que corriera por las graderías del Nacional: esta señalaba que los eslovacos habían paseado la noche previa por la avenida Larco bebiendo incalculables latas de cerveza, fumando cigarrillos y emparentándose con señoritas de cotización variable. Aunque esto último era fácilmente refutable, evidenciándose la contradicción con las declaraciones post partido que ofreciera el Coyote Julio Rivera, las cuales ponían en entredicho las aficiones e impulsos de los rivales de turno: “Es difícil jugar con un eslovaco todo el rato atrás de uno”.
-Finalmente, el oportunismo se manifestó en los agentes distractivos que rodearon el espectáculo con el fin de desconcentrar al oponente. Uno fue el popular Quieroguita, curioso personaje en silla de ruedas con tendencia a pedir colaboración a todo aquel que se le cruce en un estadio; según las crónicas de la época, Quieroguita multiplicó sus dotes histriónicas y, balbuceando unas palabras supuestamente eslovacas, hizo pasar por caja a los desconcertados visitantes. La otra anomalía ocurrió en pleno partido, cuando los parlantes del estadio fueron empleados en un mensaje que más parecía la fina estrategia publicitaria de un técnico desempleado: “Aaaatención, al señor M.B., acercarse a la puerta número 4 del estadio”. La estrategia, consistente en que el nombre llegara a oídos de algún dirigente en apuros, no encontró mayor eco que el de las risas del respetable. ¿Quién era aquel técnico? Para dejar a buen recaudo su reputación (o lo que quede de ella), bastará decirse que fue seleccionador peruano a mediados de los ochenta, que tuvo un inexplicable suceso en el fútbol boliviano, y que es “colombroño” de un actual candidato a la Presidencia de los Estados Unidos.

Pero es del perro de quien debemos hablar. Promediando el primer tiempo, Fido empezó a correr sobre el verde del Nacional, suscitando su presencia las reacciones más variopintas. En los eslovacos, troncos hasta el abuso, surgió el comprensible temor de que el can los confundiera con un árbol. En los peruanos, la duda de si los perros eran o no un probable agente infeccioso del virus de la salmonella, que semanas atrás postrara en cama (y water) a una decena de seleccionados. Y en el juez César Córdova, la irremediable pregunta de si el animal contaba con todas sus vacunas al día, dado los antecedentes que el recordado Serafino tenía con las mordeduras.
Cinco minutos duró el espectáculo de Fido, que alegremente driblaba a jugadores de ambos elencos sin que estos pudieran frenar su protagonismo. Tan magistral fue su actuación que el diario El Bocón le cedió un espacio preferencial en su recordado Aplausómetro, al lado de Ñol Solano, Miguelón Miranda y Chemo Del Solar, que también anduvieron en un nivel aceptable.
El show de Fido, no obstante, encontró un ingrato final cuando decidiera trasladarse hacia el área eslovaca. Sentado en el punto de penal, se puso cara a cara con el golero Stanislav Fisan; los chasquidos de dedo del arquero fueron erróneamente interpretados por Fido como cariño. Arteramente, Fisan lo tomó del cogote y lo retiró de la cancha. El resto del partido, ganado con un penal de Solano, fue un bodrio. Como para preguntarse si el gesto de Fisan había valido realmente la pena.

Al menos Fido abandonó el campo como un paradigma del Fair Play. A todos constó que jugó limpio: en ningún momento levantó la pata.

FICHA DEL PARTIDO:

Domingo 25 de junio de 1995
Estadio Nacional
Partido amistoso
PERÚ (1): Miranda; Jorge Soto, Reynoso (A.Ramírez), José Soto, Olivares (M.Salazar); Carranza, Del Solar, Solano, Palacios; Rivera (M.Rodríguez), Baroni. DT: Miguel Company
ESLOVAQUIA (0): Fisan; Hraval (Trutz), Karham, Kostka (Bugar), Toth (Filak); Ovad, Balis, Jankula, Ujlaki (Pancik); Bochnovic, Nemeth. DT: Karol Pecze
Árbitro: César Córdova
Asistencia: 7,735 espectadores
Recaudación: S/. 107,009
Gol: Solano 13’ST (p) (PER)

(Imágenes tomadas de los diarios El Bocón (1, 2 y 5) y El Comercio (3 y 4))

HALLAZGOS BIZARROS No. 1: Los arcos hundidos

El Fenómeno del Niño de 1983 dejó estragos también en el fútbol y dio a lugar una de las suspensiones más insólitas que puedan recordarse. En Talara, una de las zonas más afectadas, no paró de llover el día previo al enfrentamiento entre Torino y ADT por la octava fecha del Descentralizado. Y los arcos se hundieron en el fango del estadio ‘Campeonísimo’. El árbitro Carlos Rivero suspendió el encuentro para el día siguiente, siempre y cuando los arcos fuesen desenterrados. Previsiblemente, el partido recién pudo disputarse dos meses después.

Fecha: 5 de junio de 1983.
Fuente: Diario El Comercio